sábado, 2 de noviembre de 2013

Jueves 31

Suena el despertador, me levanto de la cama y cojo la cámara. Mi cuarto está hecho un desastre. Levanto la persiana y todo está oscuro. Entro en la cocina y mi madre está sentada leyendo el periódico dejando que se enfríe el café. En la mesa está mi café y las napolitanas esperándome.
Después de un proceso de media hora de preparación estoy en el coche que está helado y veo el volante a través de la cámara. Lo próximo que veo son las sonrisas de mis dos amigas que he ido a buscar a casa para ir a la universidad. Están sentadas cada una en su asiento de siempre y me miran sin entender que hago con la cámara.
La explanada de Fcom ya está de día a las nueve menos cuarto de la mañana, mis amigas están en la puerta de la facultad.
El profesor Enrique Guerrero está dando clase. Nos pone un fragmento de la serie Cuéntame. Los compañeros cogen los apuntes en el ordenador. Dos chicas no paran de hablar.
Cigarros en las manos de todo el mundo durante el descanso. El humo que se va como el de un tren. El sol calienta toda la explanada. Gafas de sol en las caras de la gente.
Los bedeles dando los buenos días. La puerta de clase que se cierra, llego tarde. Mis folios están llenos de apuntes, los compañeros no paran de escribir, el profesor dicta con rapidez.
Estoy en la cafetería Madison. Cuatro cafés y tres pinchos en la mesa de la terraza. Está pegando el sol y tenemos calor. En una de las sillas están apiladas todas nuestras cazadoras. Un señor está paseando a su perro, me llaman la atención, ese perro no le pega a esa persona. Una chica escribe en un papel mi número y el de mis amigas, ha venido a promocionar un gimnasio de la zona. Le saco una foto, tiene unos ojos azules enormes.
Me siento en el sofá de casa y veo la televisión apagada, el silencio. Por fin llega mi madre, y me mira desde la puerta del salón. Nos montamos en el coche, ella está de copilota y está hablando por teléfono. Arranco.
Estamos en el pasillo de Itaroa, solo hay  once personas. En Zara no hay casi nadie. El abrigo perfecto está colgado de manera estratégica para que llame la atención. Foto al precio. Mi madre y yo nos vamos.
Pescadería del supermercado, el que está atendiendo me mira mal. Foto a mi madre pidiendo lo que quiere. Una mujer joven ojea en el pasillo de las latas de conserva. Me imagino para ella y para quién más estará haciendo la compra. El maletero del coche lleno de bolsas de comida.
Después de comer mi madre y yo nos echamos al sofá. Pasan quince minutos y mi madre está en su sitio de siempre del sofá con los ojos cerrados, transmite mucha paz. Foto a la televisión, estoy viendo Castle en la cuatro, los protagonistas están metidos en un contenedor que está a menos diez grados.
Mi cuarto está igual que por la mañana, pero ahora entra la luz. Me dispongo a recogerlo. Foto al ordenador y a los apuntes encima del escritorio.
Cojo una cámara digital pequeña para salir a correr. Atardecer en Gorraiz, se ve Pamplona a lo lejos. La iglesia iluminada por una luz naranja. Como siempre, no hay nadie en las calle. Hojas marrones en el suelo arrinconadas en la acera. Foto a mi misma en el espejo del pasillo, chándal y sudor.
Son las ocho de la tarde pero todo está muy oscuro. Las calles de Gorraiz se han llenado de niños disfrazados. Un grupo de niñas se ríen histéricas de emoción por los caramelos.  Desde lo lejos enfoco a un grupo de personas que esperan en la marquesina a la villavesa. He dejado la cámara en casa pero utilizo el móvil. Desde mi asiento veo a una chica con media cara pintada como si fuera una calavera.
Las tiendas están cerradas en Carlos III pero la calle está llena de gente. Bufandas y plumíferos. Hace mucho frio.
Calle estafeta está llena. Bar Okapi desde la ventana de fuera, dentro está lleno de gente, las dos camareras no dan abasto. Foto al suelo, tres vinos blancos, dos tintos, tres platos de patatas bravas y dos pinchos de tortilla. Les saco una foto real a mis amigas.